Acepto el paredón
donde fusilan mi voz y mis canciones,
y los versos que entoné sin permiso
durante noches en melodías plagiadas.

Acepto la sentencia
que me obliga a caer en el olvido
porque, o desaparezco para siempre
o empapelo la ciudad con esta rabia.

Acepto mi fortuna
entre saldos de algún mercadillo
donde todo y nada vale a un euro,
como la cruz a cuestas de la gitana.

Acepto aplaudir
a los que compran sus dones y talentos
Pioneros en repetir hasta el cansancio,
haciendo propias, ideas ya inventadas.

Acepto el retiro a tiempo
y evitarme la incómoda vergüenza
de ser testigo de aquellos que traicionan
su palabra prometida y empeñada.

Acepto librarme
de todo mal, verdugos y carabineros
Que atraviesan con su odio mi costado
y la poca santidad que me quedaba.

Acepto perder
el único amuleto de la suerte que tenia
Y a ver si por fin me encuentras,
tal como me han dicho las cartas.

© La Gabi Castillo     27/3/2017