Samhain

Caminaba despacio por la oscuridad
no sé de que sueño o qué realidad
la noche devoraba mis pensamientos
y el miedo me hizo sospechar.

¡Que era la noche mágica! de juegos y muertos
de delirantes bailes con el más allá
flores de ausencia, pasos de un vals
y empieza el miedo en mis piernas a bailar.

Paseaba entre tumbas, entre los largos cipreses
imaginando, ¡que locura!
que un esqueleto vestido de chaqué
movía sus caderas a un ritmo frenético.

Y me giraba como nube sobre el viento
y sonreía como si la muerte fuera un juego
me observaban allá en la rama de un olivo
una familia de búhos muy atrevidos, ululaban mi nombre.

De repente suena el violín, la pandereta
y así sin más se prepara una fiesta
en sus rostros de ojos vacíos, casi brillan las estrellas
y yo, bailo y bailo, y giro y giro…
entre mil esqueletos de huesos limpios.

¡Y sueño o despierto! , ahora que han sacado el vino
y entre aplausos y pentagramas
brindan por su vida eterna
y por conseguir en un día señalado, ¡toda la atención!

Hay flores y algún despistado…
que en su lápida dibujo un corazón
como atrapando en un instante
todo el amor que se llevo consigo.

Por eso sabe que aun ¡vive!, y celebra
la noche de los muertos
de viejas historias al calor del fuego
y la misteriosa mirada de la oscuridad.

¡Ya no siento ningún miedo!
algún día yo me quedare con ellos
y mientras tanto viviré, como si la vida fuera…
un hermoso cuento, de lunas, estrellas y firmamentos.

Y bailaré cada noche de Halloween
con algún despistado
¡ojala sea! el amor de toda mi vida
para soñar juntos toda una eternidad.

Y entre el susurro del ciprés
comienza a amanecer
¡y aun tengo la resaca! de esta noche mágica
donde compartir con la muerte…
una velada perfecta.

© María Luisa Blanco