Me crie en un pueblo, era pequeño, lleno de historias, algunas hablaban de señores que se reían al ver pasar a las mozas cuando llegaban de lavar la ropa al pie del rio, ¿ Por qué se reían?

Otros decían con malicia que las observaban escondidos e imaginaban lo que tenían debajo del refajo, pobre ilusos, sin saber que algún día no muy lejano serian sus esposas o cuñadas, pero en el día se reían y se mofaban.

En la plaza del pueblo se reunían las mujeres ancianas para coser y zurcir la ropa de la familia, allí cada una contaba una vivencia de antaño, los críos nos sentábamos y escuchábamos con atención para empaparnos de las historietas de ellas, quizás algún día, nosotros mismos se lo contaríamos a los nuestros. A veces nos reíamos a carcajadas de su modo de contarlas, pero un día la más anciana, contó que en su juventud el día de todos los santos o como se hace llamar ahora HALLOWEEN, se oían arrastrar cadenas a media noche, que era un alma en pena, buscando la luz para descansar en paz después de su muerte, que buscaba a alguien que le guiara, a nosotros nos aterrorizo, pero después con risas pues estábamos en la edad que todo nos parecía imposible, nos planteamos ir a la caza del fantasma, para tranquilizar a nuestras abuelas.

Llego la noche de los difuntos, todo estaba estudiado al dedillo, nos pintaríamos la cara para parecer muertos vivientes, primero iríamos a la recogida de caramelos por las casas del pueblo, era lo habitual en esa noche, se nos llenaban los bolsillos de ellos, éramos felices con ellos, después iríamos al cementerio para pillar al pobre diablo sin luz en su alma.

Al llegar al cementerio, la primera sorpresa estaba la puerta abierta, algunos mas lanzados dijeron que entráramos que allí estaría él con sus cadenas, otros dijimos que mejor fuera, expusimos que por allí tendría que pasar si o si, no era eso lo que pensábamos, teníamos pánico y los otros no podían enterarse.

Por votación gano el entrar y sentarnos a esperarle, pasaban los minutos que parecían horas, nos íbamos dando cuenta que tendríamos que estar en casa durmiendo en vez de estar ateridos de frio esperando no se sabía a qué o quién, no sé quien propuso irnos sin más, y dejar esas cosas a los mayores, ya andábamos todos con más miedo que respeto.

Dispuestos a marcharnos, para mí, tendré que decirlo, una alegría me inundo el alma yo tenía miedo y quería irme con mi madre, una ráfaga de viento cerró la puerta del cementerio de golpe, ahí empezaron las consecuencias, todos gritamos aterrorizados, corríamos de un lado para otro buscando la manera de salir de allí, pensábamos que nos cogería la alma en pena y ya no nos soltaría, unos saltábamos entre las lapidas que algunas crujían y mas gritos enloquecidos, pedíamos auxilio pero nadie nos escuchaba. Ana se reía con una risa contagiosa era el miedo, pero la siguiente sorpresa llego en ese momento Jaime que iba el ultimo piso una lapida de la más antigua, se escucho un crujir y un grito, se había caído dentro de la tumba después todo silencio, pensábamos que el alma en pena se había llevado a Jaime y ahora que haríamos, todos llorábamos desesperados.

La puerta del cementerio se abrió con un gran estruendo, mas gritos, pensamos que nos llevaría a otro con él sin miramientos, para que habríamos planeado ir al cementerio de noche.

Gran sorpresa la nuestra cuando después de un rato vimos aparecer a los vecinos del pueblo con linternas, entre ellos estaban nuestros padres, nos llamaban, al oírlos los contestamos aquí estamos, después de abrazarnos, les comentamos lo que le había pasado a Jaime, fuimos con ellos hasta la tumba, pensando mil cosas malas, el padre de mi amigo bajo y al cogerlo Jaime despertó de su desmayo, su padre nos dijo. Está bien creo que tiene la pierna rota pero eso es todo.

Esa noche termino ahí, cada cual a su casa, el día de después ya verían el castigo que nos pondrían, no pude dormir en toda la noche, cada vez que cerraba los ojos venia a la alma en pena persiguiéndome, no nos castigaron, todos los padres opinaron que bastante castigo habíamos tenido la noche anterior en el cementerio, también nos dijeron que las historias de antaño todas eran imaginadas para hacer respetar a nuestros familiares allí enterrados.

De esto hace muchos años pues ahora soy yo quien cuenta este relato a mis nietos, hoy por hoy todavía, pienso que las consecuencias de esa noche podían haber sido catastróficas para nuestras familias, alguno podíamos haber quedado mal herido , cada noche de halloween, vuelvo a recordar con pánico esa noche en el cementerio.

© Manoli Martin Ruiz