Entré alocada y no te vi.

Llevaba mis apuros encima, las compras por hacer, la hora de cenar y este malestar que me persigue desde el sábado.

No te vi pero escuché: “por favor” y me giré…
Caí en tus ojos de inmediato: un verde mar con un fondo amarillo imposible.

Sentí la sal pegada a la piel, la tibieza del agua hasta mis rodillas, la brisa levantina que sopla en verano y la música que se queda vagando por las calles hasta las tantas.

Olvidé mi edad y esta distancia evidente, pero no sentí vergüenza de lo que pudieran pensar las señoras que entraban al súper con sus carros vacíos y sus cabezas hastiadas de malas intenciones.

Que daría yo por perder 20 años !! Invoqué a Lucifer para hacer un trato concienzudo pero el despistado ni se enteró. Por una vez que lo necesito…

A punto de traspasar la puerta automática, retrocedí unos metros perturbada por ese rostro angelical y siniestro que me había clavado todos los deseos por la espalda.

– Soy gitano, no te asustes, estoy pidiendo 3 monedas. Me he puesto en la puerta y no tengo mucho tiempo, pronto vendrá el de vigilancia a echarme de aqui.

Perdido y aterrado… te dejé allí, sin nada que decir y sin nada que hacer.

©La Gabi Castillo 30/12/2014

Compartido por la autora el 07 de octubre de 2017.