Con la Poesía me desposé, fue una de esas veces en las que sin mucho pensar me encontré repitiendo un “si quiero”
A diferencia de las otras, no había un Concejal incidiendo en aquello de la “fidelidad perruna” ni una ristra de rostros sonrientes como emoticonos en movimiento, ni aplausos entusiastas ni kilos de arroz desperdiciados.
Esta vez fue en un cuarto en penumbras, sin testigos, él, mi primer libro de poemas.
No le importó mi edad ni mi inocencia, me desvirgó con la mayor impunidad, como si desde siempre le hubiese pertenecido.
Supe entonces que sería la relación definitiva, inevitable, casi clandestina, de esas adicciones que se ocultan, para no herir ni herirte demasiado.

I.S.M. 28 de julio de 2017

© Isabel Suárez Mtnez- Cruz