Gato

Como si el pobre gato intuyese que, con su sola presencia allí en medio de la calle, pudiese aplacar la soledad de aquel hombre herido en mil batallas y seguramente cansado de batallar en mil contiendas diferentes en los últimos tiempos…

Hombre y gato en medio de la calle, acompañándose mutuamente, viniendo cada uno de quién sabe el lugar y desde qué derroteros arribaron a este barrio y a esta calle en concreto de la ciudad.

Sus miradas se han cruzado de pronto y han sentido que se necesitaban, que juntos podían encarar mejor el problema que les acuciaba, y que no era otro que la soledad que cada uno de ellos aportaba desinteresadamente al tándem.

El gato se ha apostado frente al hombre y, mirándolo de hito en hito, sólo esperará una orden suya para acercarse un poco más a su vera y responder cariñosamente ante cualquier mínima caricia, mientras ronroneará sin parar a su lado en señal de bienestar y tratando de salvaguardar la amistad recién conquistada.

De buscar algo de comida ya se encargarán más tarde; de momento intentarán reparar en alguna medida su faceta de afectividad y alimentar su amistad, adaptándose el uno al otro y poniendo cada cual lo mejor de sí en pos de esa meta.

Con las caricias del hombre al gato y el ronroneo de éste, se han quedado dormidos ambos por unos minutos, sin percatarse de que, entretanto, alguien les había acercado una bolsa con comida…

© J. Javier Terán