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Mi mente se refugiaba en días creyéndome haber sido feliz, mi mente era quien me mantenía abstraída en días que jamás habían existido, quien era mi mente para haberte mentido tantos años.
Conversaciones conmigo misma, echando a la calle a paseo, a mis recuerdos que no eran tan buenos como me hacían creer, cerrando la puerta a mi mente maligna, egoísta, por hacerme ser su esclava.
Recordando palabras llegadas a mi memoria, dichas con amor, con educación, sin gritos, sin cerrar los ojos a los días anteriores, pero tampoco negando a los días siguientes, quizás llenos de paz, quizás con ilusión, quizás obligándome a sobrevivir al pasado y mirar al futuro con una sonrisa sin recuerdos.
Cruel batalla la que tengo que librar, vivir en el pasado con penas y lagrimas de sangre por lo que intentaron hacerme creer, días de lagrimas sin necesidad, porque la vida pone con el tiempo a cada cual en su redil o volver a reiniciarme para empezar desde cero, pero con mi conciencia tranquila que jamás fui como intentaron hacerme creer, sonreír al paso de ese niño que me saluda, ahí veré a mi niño que jamás me dejaron conocer pero que será muy feliz y yo imaginándomelo también veré el sol.
Me dicen que será muy doloroso cambiar, pero es por mi bien, por el bien de los que me aman, que la vida no es vivir amargamente del recuerdo, de lo que pude ser y no fue, la vida es seguir contando día a día sin mirar hacia atrás, tan solo es vivir dignamente.
Duro enfrentamiento entre mi mente y mi memoria, quisiera creer que mis recuerdos solo serán eso, que a partir de este día que a mi mente la desterré de su paraíso mi cuerpo, mi voluntad tan solo sea mía, que mis pensamientos vuelen libres, que mi vida hasta hoy fue, un simulacro de días felices, volver a nacer no puedo pero aprender de mis errores, corregirlos, aprenderé a ser yo y jamás dejarme arrastrar por el lodo.

©Manoli Martin Ruiz