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Que no diga de, ser… vieja.
En verdad, no me lo creo.
Si lo digo es por reflejo.
Es un escudo que tengo
para los hombres casados
también para los muy viejos
Lo digo, a jóvenes educados
que me brindan sus cortejos
o bien, me parecen necios.
De edad yo no sé decirles;
Pues, no siento la que tengo.
Discurro en un mundo etéreo
donde cantan las cigarras,
donde graznan los cornejos
y en las tardes los ocasos
tiemblan en tonos bermejos.
Lunas en cuarto menguante,
con grillos desafinados
que a coro cantan mis versos.
Soy joven de nacimiento
Aunque me vea en los espejos
que me dicen que mi rostro
se parece al de los viejos.
Las canas me han investido
de una corona de plata,
a las que suelo nombrar,
argentes cardos maduros,
Me gustan más que los tonos
que con tintes las delatan.
Para algunos soy amiga
otros me hacen el desaire,
joven me mira la vida
madura mujer y madre,
algunas veces, poeta,
juventud acumulada
Que en el rostro me delata
un granito impertinente
como si de adolescente
y me sonroja elocuente,
si se asoma en mi mirada
que me he vuelto a enamorar;
así, me obligo a cantar
en versos lo que la vida
me ha enseñado, al caminar.

Yolanda Arias Forteza