A veces trasnochamos
pensando en otros mundos
que no nos pertenecen.
A veces nos marchamos
por la noche sin luz,
en los ojos abiertos
se nos clava una espina
que nos hace llorar.
A veces, muchas veces,
el destino y el tiempo,
nos llevan de la mano
hacia otra soledad…
aquella que producen
las personas que ríen
con los ojos cerrados
y no nos ven pasar…
Aquella noche impura
que mata la belleza
de sentirnos amar.

A veces trasnochamos
sólo para llorar.

© Julie Sopetrán