Funambulista sobre la cuerda floja
de la pobreza.
Se viste con el traje
de la desilusión,
calzándose los zapatos
de la enterza,
y como broche,
un corazón.
Fría se instala la mañana,
mientras los largos dedos
de la miseria,
aprietan en un ahogo
que no acaba,
el menor susurro de clemencia.
Se rebela Marutxa en su sentencia,
por esa condena sin cadenas,
por barrotes la penuria,
y de la caridad, prisionera.
En su palacio de cartón,
refugia en el alcohol su queja,
alzando la mellada
copa del dolor,
por esa pena…que no cesa.

Esperanza Mas Llabrés