Poseyéndonos abrazados
como aves de suaves vuelos
sentí tu mano ávida
buscar en mi entre pierna
aquello que te esperaba
impaciente
vibrando enternecidos
succionamos nuestras bocas
hambrientas de amor
de deseo, de todo,
somos almas solitarias
queriendo anidar, solo eso,
con disimulada vehemencia
casi con adoración
hundiste tu flama
en mi amapola,
y ya enloquecida
mordí tus labios dulcemente
al mismo tiempo
que perdía la gloria
y ganaba el infierno,
es grande este goce
es intenso tenerte,
eres sol que calienta
mi necesidad de ti,
¡te amo irremediablemente!
con suaves movimientos
mis piernas
entrelazan tu cintura
mientras me bañas
de flores blanquecinas
que escurren de tu sexo

© Dulce María V.