LA RUSCA

LA RUSCA.
Por Ángel Busto Maneiro.

Era yo un chaval, andaban los primeros amores golpeándome en el pecho, cuando la primavera acechaba silenciosa susurrándome, suavemente al oído, canciones de amor que sorprendían mis sueños con los ojos de aquella chiquilla, las miradas, los gestos …. las congojas, los recuerdos …. En fín, un chaval que crecía, solitario, en aquel entorno de los primeros años setenta.

Las casas de pizarra se estrechaban tanto unas junto a otras, que más que formar callejas sugerían pasillos que siempre me guiaban hacia el mismo lugar: El puente. Antes, el Río, que saltando entre peñascos cobraba tanta vida que parecía preñar de belleza aquel lugar, santuario de ondinas, gnomos y hadas virginales escondidas entre las frondas. … Más abajo, el puente.

El Puente. Entre dos rocas recogía una gran poza, balsa de agua de vida donde siempre me llevaban mis pasos, para esperar la llegada de la noche y ver reflejadas en su espejo, las estrellas.

Era el Pueblo una postal perfecta. Mi padre solía decir que íbamos hasta allí huyendo de la ciudad, buscando la paz, la soledad encontrada y la belleza que sólo las cosas simples poseen. La torre de la iglesia y al lado, la bodega, en donde los viejos reculaban al caer la tarde para, entre tiento y tiento, contar historias “de cuando antes”, jugar la partidilla de cartas o estirar un vaso de vino sin prisas por sentir pasar el tiempo.
La plaza y el arco romano, por donde entraba el camión que venía los jueves para vender de todo.: fruta, pescado, cacharros, encargos para Madrid…
El parque, con su columpio y su portería de fútbol, sólo una, que tan sólo se utilizaba en verano, cuando venían los forasteros, con sus niños y sus balones de reglamento.

(Era la primavera una mala época para la diversión en el pueblo, por eso bajaba hasta el puente cada atardecer. Sólo, con mi pequeña libreta, donde trataba de rellenar mis primeros y juveniles versos)

……

Nubes de caramelo. El sol se estaba muriendo, los chopos con sus sombras, daban un tinte irreal a las aguas pausadas, las piedras del puente, cuadriculadas, dibujaban aristas de tiempo desmoronado. La luz se descomponía en mil tonalidades de dorados reflejos. Sentado, sobre el tronco caído, me dejaba llevar, no existía el tiempo, la paz lo llenaba todo ….
Fue entonces cuando la ví.

Allí, donde el agua buscaba la poza, donde la roca grande frenaba la corriente, como buscando mi mirada, apareció la trucha más grande que jamás hubiera imaginado, para desaparecer, como poco a poco desapareció la luz del atardecer.
Esa noche, no pude pegar ojo, obsesionado con aquella trucha. Me levanté varias veces a hurtadillas para buscar mi cañita de pescar, el carrete, los aparejos, hasta que al final, aquel maravilloso pez consiguió llevarme hasta el mundo de los sueños.

Desde el amanecer…. pasé todo el día junto al rio, buscándola … no fui ni a comer. Así un día tras otro … y ni el mínimo rastro. Aquel pez se convirtió en mi obsesión, en fiebre enfermiza, mañana y tarde, día tras día, hasta que una tarde, desengañado, maldije al rio, al puente y a la trucha y le fui infiel , por primera vez, a mi viejo tronco de árbol podrido.
Al llegar al pueblo busqué a mi padre, allí en donde el Julepe. La estampa que tuve que ofrecer, desgreñado, sucio y desangelado, caña en mano, produjo en los viejos una catarata de risas, que puedo jurar, me llegó al fondo del alma.
-”Ven aquí muchacho, ven aquí y escucha: La Rusca- (me dijo Tío Damíán)- “la Rusca es Inmortal, nadie ha podido cogerla nunca. Muchos como tú la han visto, pero nadie ha podido pescarla … Ella es más lista. Es mejor que la olvides. ¿sabes una cosa?, cuando las fiestas, la gente va al puente, pide un deseo, tira una moneda y dicen que su deseo se cumple, pero también hay quien dice que La Rusca se come las monedas y por eso guarda un tesoro en su vientre …¡ La Rusca es Inmortal !, hazme caso y olvídala … ¡es más lista que tú!
Llorando de rabia corrí hasta la casa. De un tirón me metí en la cama. Para mí se acabó el mundo, derrotado en mi orgullo de pescador. Lloré como sólo un niño puede llorar … lloré y lloré de rabia, hasta que, totalmente agotado … me dormí.

……..

Sobresaltado, desperté en mitad de la tormenta. Los truenos alargaban el miedo hasta que un nuevo relámpago iluminaba de nuevo la habitación. Llovía a mares, la lluvia golpeaba el tejado como millones de nudillos que aporreaban el techo del cuarto. Un nuevo destello iluminó la habitación arrancando un extraño brillo del pomo metálico de la puerta. (entonces lo ví claro, comprendí).
Exultante de un extraño orgullo y apretando en mi puño una cajita que saqué del cajón, me dormí plácidamente … mañana sería el Gran Día.

……

Con las primeras luces del día …. traicioné a mi puente.
Un lance, dos, tres, -”las monedas … tiene un tesoro en su vientre”- … al quinto lance, al quinto destello de mi señuelo, de mi cucharilla … ¡la enganché … era enorme!, peleaba con la fuerza de mil deseos, saltaba y saltaba fuera del agua para conseguir arrebatarme aquella extraña aunque preciosa “moneda”…. pero tras una terrible aunque magnífica batalla, aquella enorme trucha cedió ante mis pies.
La saqué del agua … ¡ maravillosamente hermosa ! ¡Y era mía … la había pescado yo! ¿así que esta era la trucha que era más lista que yo, eh? ¡ahora se iban a enterar todos! …
Exaltado, corrí con la trucha entre mis brazos, ¡había vencido, había vencido ! …
Llegué a la plaza, la atravesé como un diablo, abrí la puerta del bar de un puntapié y les grité a todos:
¡He cogido a La Rusca … he cogido a La Rusca !
Todas las miradas se volvieron contra mí, mientras una nube de tristeza envolvía el Pueblo. Todos bajaron sus ojos, sin querer mirarme y lentamente uno a uno fueron desapareciendo del establecimiento.
¡Ya no habría más monedas!, ¡Ya no habría más deseos!

Nunca volví hasta aquel Pueblo, los años pasaron y la vida me fue enseñando como las páginas de un libro enseñan al leerlas. Nunca regresé a mi puente, nunca regresé a ser un Niño, aquella trucha se llevó consigo todos aquellos benditos años en que la inocencia y la bondad corrían por las aguas de mi vida.
He traicionado a mi Puente … he destrozado tantos deseos …

© Ángel Busto Maneiro.

5 comentarios en “LA RUSCA

  1. Magnífico relato que nos traes cómo autor literario, que primero has llegado como Artista Plástico, a Guarida Arte, Ángel Busto Maneiro. Espero nos compartas más obras, para seguir leyéndote. Bienvenido a Guarida Letras, deseo que tú estancia entre nosotros sea de tú completo agrado. FELICIDADES por tú extraordinaria obra. Un abrazo,

  2. Bárbaro… si saberlo, sin haberlo leído, casi lo presentí… Magnífico. Sublime, no tengo palabras para describir la hermosura del contenido y la forma literaria, a más del sentimiento y enseñanza que trasmite tu relato… Me dejas en voto porque tu inspiración se derrame en todo su esplendor. Un abrazo llena, de admiración, poeta. Ángel Busto Maneiro.

  3. No la terminé de leer. Estoy a lágrimas… seguiré porque mi primer impulso desde que comencé la lectura fue de decirte la admiración por tu estilo tranquilo y estudiado… Seguiré la lectura y terminaré este comentario, basado sólo en el impulso que me inspiras… un abrazo

Cada comentario es un cariño, con tu opinión das impulso al motor que mueve esta nave… ¿No ves tu comentario? ¡Espera estamos valorando si realmente es un cariño. …¡¡¡Gracias por la visita, gracias por el impulso…y sobre todo por el cariño!!!

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