En la madrugada,
siguen las horas y crecen
despacio, y no se pierden.

Zumban las bocinas, chillan
hablan y cacarean sin parar,
nunca se cansan…
su parloteo te hace daño,
horas de soñar sin tranquilidad.

Sientes voces que gritan alto,
no miran por los demás…
esa falta de respeto en el aire,
salta y brinca sin parar
alto es su voltaje, y a traición.

Risotadas sin venir a cuento
quieren marcar sus terrenos,
a cuento de qué
si nada ganan y dejan visible,
el paseo del inconformista
que todo lo quiere,
y a la vez… nada desea
por el qué dirán, siempre
en la boca de todos
dando las notas indebidas.

Fría es ésta madrugada
primera del mes de julio,
nunca antes asomó su naipe
y por qué ahora, si nadie
hizo llamar su intrépida atención.

Alocados los días han venido,
y ya se empezarán a desfilar
con las prisas del servir a nadie,
incierto destino se marcan
ni decirte tan siquiera un algo,
que ya empiezan a apearse
de ese carro que trajeron…
brincando, a todo canto
la insensibilidad maltrecha,
cuándo ya han zanjado vías
y el adiós se sirve, en bandeja
de plata y luces que chispean
en lo más alto del frío polar.

Me llegan los recuerdos vividos
en aquél otro lugar del Norte,
donde el viento salía y arrasaba
fiereza en sus alas invisibles,
te volteaba con tanta fuerza
qué veías venir el más allá, y no
dejaba te diese ese miedo
se paraba a tú lado, le sentías
veías la vida pasar
con las penas y sin glorias,
lágrimas corrían sin parar
cuando a un banco te acercabas,
allí muy cerca se estaba yendo
parte de tu propio ser,
eran días de Alto Voltaje
el dolor quemaba tú sentir,
alguien venía en las noches…
destellos tenía de blanco satén
y no cejaba, en llevársela
al “reino del nunca jamás”…

Paciencia, sábado 01 julio 2017.
Poema n.31/2M17
©Mía Pemán