Me gustas así como te muestras en la tranquilidad de la casa: en calma total, en paz contigo misma y con los que te rodean; porque con esa apariencia, es todo armonía y dulzura lo que se respira a tu lado.

Al llegar a casa, te desprendes con presteza del vestido y demás atuendos que han oprimido tu cuerpo durante toda la jornada y te entregas en los menesteres del hogar. Luego, desnudas tu cuerpo por completo, colocas música suave y relajante en el reproductor, te recuestas sobre el sofá y esperas a que caiga la noche en el exterior.

Y tu gato, que ama como tú la calma y la tranquilidad, apenas te ve en esa posición salta hasta tu cuerpo y se instala en él mirándote a los ojos de hito en hito hasta quedar completamente dormido. Tú lo acaricias y le das cariño, pero él continúa a lo suyo.

A veces miro la escena, tan tierna y tan relajante, y me digo que, de no ser tu amante y tener acceso a tu cuerpo y sus formas en la tranquilidad de la casa, quisiera ser por algún momento el gato que descansa plácidamente sobre él ajeno a cualquier otra distracción…

 

© J. Javier Terán.