El viejo del parque me ve y me reconoce,
una mueca deja al descubierto
cuatro dientes huérfanos y estira,
como una cuerda larguísima
sus manos.
Allí pongo una moneda cada día,
cuando paso veloz a su lado
/es acaso un segundo/
nos da tiempo a mirarnos.
El sabe que algo pasa,
sus ojos son dos pájaros sin alas
que invitan a quedarse.

I.S.M. 10 de junio de 2017

© Isabel Suárez Mtnez- Cruz