Hacía tiempo nos conocíamos, sin embargo, cada uno iba

por su camino la mayoría de veces pedregoso, con baches

pero un día decidimos tomar el trayecto juntos hasta el próximo

cruce. Recuerdo la primera vez que me acerque a ella temeroso,

pero seguro de mí mismo porque mi cuerpo noto una sensación

que jamás habían sentido. En ese momento no pensé en el tiempo

que estaríamos juntos solo quería caminar a su lado por un camino

liso y disfrutar sin pensar cuando se acabaría. Nunca olvidare esa

noche, que nuestros cuerpos se unieron, los labios besaron cada

trozo del cuerpo del otro, un regalo de amor que no olvidare.

Pero esa noche ya sabía que nuestro trayecto no iba a durar

mucho, demasiados baches y piedras que hacían difícil seguir,

sin embargo, a su lado aprendí que los caminos se unen y se

separan y con amor todo es más llevadero, aunque no menos

doloroso. Seguimos avanzando hasta que llego el cruce que nos

separaría y ahí no hubo palabras de despedida ni gestos ni lloros.

Cada uno seguimos nuestro rumbo sin decirnos adiós. No volví

la mirada para verla alejarse, solo sigo caminando esperando

algún día volver a verla.

© Marga Rullan Cañellas