Tumbada relajada me siento, al sentir tu piel junto a la mía. Miedo me da romper este instante mágico, mirándote, bolita suave, delicada, aroma de niñez, recuerdos de cuando así se dormían mis hijos, yo los acariciaba delicadamente como tan solo sabe hacer una madre. Me miras con tanta ternura, te susurro palabras llenas de amor, ronroneas, así que bien se está sin prisas, tú y yo solas aquí tumbadas recogiendo el calor que entra por la ventana.
Duermes, acoplo mi ritmo del corazón para seguir unidas un ratito mas, hoy hace dos semanas que nos encontramos, quizás por casualidad o por el destino mi bolita, iba paseando, llegando ya a casa cuando oí un gemido, mis alarmas se encendieron, parecía un bebe llorando cerca de mí, mire a todos los lados, no vi nada tan solo el contenedor de basura, corrí hacia él, lo abrí, una bolsa verde, se movía y de allí salían esos sollozos, ahí estabas tu, mi bolita, tiritabas de frio, maullabas pidiendo alimento, que rabia me dio, que cruel malaje podía hacer una cosa así, tirar a la basura a un ser vivo, te enrolle en mi abrigo, corrí hasta casa lo primero darte un poco de leche tibia, aunque al principio fue una odisea, no sabía como dártela, al final con una jeringuilla, te la tomaste toda, ya no maullabas, no tiritabas, te deje en una cajita tapadita con una mantita, no me cansaba de mirarte, eras mía ahora , a partir de este momento nadie te haría daño, te prometí. Cada día más unidas, tú poco a poco aprendiendo a andar, a saber pedirme tus necesidades, yo como buena maestra te entiendo tan solo mirándote, ahí mi bolita cuanto te amo, eres un regalo del cielo, ahora me haces recordar que como años atrás crié a mis hijos, te tengo que criar a ti con todo mi amor, gracias bolita por hacerme sentirme útil otra vez en esta vida.

© Manoli Martin Ruiz