La mujer que yo amo
tiene ojos claros,
como fruto de avellano.
La sonrisa limpia y fresca
como un riachuelo
y, sonrie mucho
con los labios cerrados…
moviendo la cabeza de lado a lado;
y su canto,
es puro, diáfano
como el canto de los pájaros.
Su corazón:
es noble y generoso.
Su voz…!
Su voz es un susurro cálido
para el más necesitado.

La mujer que yo amo,
me gestó en su vientre
por casi un año,
sin rendirse al cansancio.
Me arropo en sus brazos
en noches de insomnio.
Me amamanto
con su seno cálido.
Jugo conmigo,
a mis juegos de niño
y creció
guiando mis pasos,
alzando-me con sus manos.

La mujer que yo amo
ya tiene el pelo blanco,
y sonríe al verme
con sus noventa años.

© Hergue Azul.