Tarde de mayo serena y tranquila,
como el discurrir del agua mansa por el regato
junto a la casa y el huerto de mi amada.
Tarde de reposo y algún que otro canto de gorrión,
junto a la ventana y la alcoba donde mi amada sestea.

Tarde de primavera metida ya en juegos de verano,
donde el gato ronronea a la sombra del ciprés, y
la cigarra entona su canto perezoso y zumbante,
anunciando una tarde de canícula en los campos ya en sazón
que atesoran trabajos y afanes de nuestros nobles campesinos.

Tarde también para pensar, querer y soñar,
con la vista y la mente encaminadas y fijas
entre las páginas de un libro que alumbra vida.
En tanto la tarde caminará decidida hacia su ocaso,
a medida que en el reloj de la torre suenen fieles las horas.

Que será cuando la noche regrese de nuevo a negro,
se haga el silencio al remanso de tu cuerpo,
surgiendo en tu alcoba la magia de cada noche. Y
cuando tú y yo nos enredemos en nuestros sueños,
queriéndonos con auténtica pasión, aun en la distancia de nuestros seres.

© J. Javier Terán