Pasa ya de medianoche, la siesta vespertina ha permitido que pasara cuatro horas más frente al ordenador mirando las últimas entradas que sociales mis amigos comparten en la red. Jugué dos solitarios los mismos que dejé, el sueño me doblega, ni siquiera cené me comí dos duraznos y ahora que describo el final de este día, yo misma me pregunto por qué escribo mi rutina porque aún, no lo sé.

Hay un punto de quiebre algunos días en que colapsa mi universo entero, nunca sé a ciencia cierta qué provoca el cíclico desastre que convierte mi apacible rutina en algo triste. Si a mi juicio sereno nada escapa, si la edad acrecienta la templanza y cierta está en mi fuero interno la esperanza, por qué esta desazón que inquieta danza y paraliza toda mi razón.

Yo vivo en el umbral de la locura. No sé si tu recuerdo me enriquece, me lleva a la tristeza, me marca cual princesa, al bosque desterrada, de amor en la riqueza, de roces en pobreza. Llegaste tú con voz irreverente a descubrir de mí lo que paciente esconde el subconsciente. A nadie revelado lo descubriste tú, mis anhelos más hondos intuiste, mis pecados. En ti yo pude ser virtud, señora, mujer en plenitud, cautivadora, todo eso floreciendo en la deshora por el mágico embrujo de tu agora. En ti se prodigaron mis verdades, en la seguridad de tu cariño y pude ser de humanas veleidades, de tu poesía la musa inspiradora. ¡Qué más, pude desear, que más se añora, de tu mente fui cera moldeadora, si mi palabra fue tu confidente de soledad robándote las horas. Cargo sola el bagaje de tu ausencia en la que aflora noche a noche el verso, desflorándose en bellas melodías canción de amor porque tornaste a luz, la obscuridad oblicua de la espera; porque juntos hicimos primavera la densa niebla de un invierno crudo.

Plañidera canción que me desvela y en concertada espera te adjudico. Tu voz, latente en mí, quién lo dijera, molécula de luz que te ilumina en el iridiscente mundo de la espera. Un punto fui tan sólo en tu mundo y en él se derramo tu gracia entera, un punto tú dentro del universo que nunca imaginé que me atrajera. Dos puntos coincidiendo en el ensueño, de un mundo inventado por la letra.

© Yolanda Arias Forteza