Rizos de oro le llamaban a la muchacha de la dulce sonrisa, armonía del cuerpo encantado encendía las luces al calar de la tarde.
Esfumó mirada pisoteando las parterre no vio colores y estrellas danzar, sueño profundo parpados pegaba, bruja malvada… en muñeca de porcelana la transformaba.
Lágrimas de dolor bañaron rostro delicado, grito de ayuda el mar tocó, canto de sirena Cupido llamó flecha encantada del arco portó.
Bello caballero sobre el blanco corcel sigue estela que flecha dejó, encontró mozuela de los rizos de oro con un tierno beso… dulcemente la despertó.
Volaron sonrisas en grupa al caballo planearon un jardín de flores y mariposas, construyeron nido de amor vivieron felices con los cachorros del corazón

© Anónimo   (España 1)