Un hombre cae de bruces
por la calle que en penumbras
envuelve su alma, mientras
la fría muerte lo cobija…
Oh¡ muerte que enlutas
a esas madres que agonizan
Oh¡ infame que te llevas de él
los sueños con su vida.
Una mujer hoy, ha decido
vender caricias, con sus labios
pintados de carmín y en sus
ojos simula ojeras.
¡Oh! pobreza que consumes el
hogar de aquella que su cuerpo
vende y a la que muchos dicen
¡E s una cualquiera!
Una niña se oculta bajo una raída
manta para contener la respiración
no sea que llegue a quien ella teme
y la posea otra vez,
¡Oh lujuriosa maldad!, pensamientos
insanos quien roba de la inocente
su cálido candor de niña.
Un niño llora la carencia de amor
que hay en su hogar, los malos
tratos, el hambre y el tener que trabajar
para ganarse un pan duro porque
en casa no lo hay, su padre está
siempre alicorado y su madre
¡ah¡.., ella sufre tanto ya …, que no
se da cuenta que su nene cosas
de grandes vive ya.
¡Oh ignorancia maldita ¡…,que hace
a los niños nacer para sufrir
lo que no debieran , son los inocentes
los que llevan sobre la espalda el
mal y a sus padres libera.
Una anciana mendigando
un abrazo más que un
mendrugo de pan… , mendiga
el cariño de aquellos que con amor
ayudó a crecer …Golpeando
fuerte la tierra.
¡Oh hijos de mala conciencia que
a tus padres olvidas!, porque ya
eres mayor, ya sabes ganarte la vida
y esos ancianos hoy un poco de
amor te mendigan.
Cientos de desplazados
por las veredas van, con sus pocas
cosas sobre los hombros buscando
donde llegar, indígenas errantes
por las ciudades y caminos van
¡Oh! mentes perversas de los
los opresores que expropian
sin razón, dejan al humilde
sin tierra para sus bolsillos
llenar mientras a estos cargas
de dolor y de mendicidad
obligándolos a dejar su lugar.
Así unos y otros buscan la redención
de culpas que no son suyas
suplicando algún perdón,
¿De quién es la culpa?
solo de la sociedad , que reparte
mal sus bienes y es el débil quien
las culpas …tiene que llevar…
Buscando la redención vive esta humanidad;
rezando un credo de dolor mientras crece
y crece nuestro mal.

© Martha Lombana