Tiene un dedo don Mariano,
cuando de elegir, se trata,
que, lo que apunta remata
con la honra… del fulano.
En ese afán chabacano
por controlarnos la tienda,
se monta cada merienda
con las señales del dedo,
que huele nombrado a pedo
y a podrido, en la trastienda.

Hace tiempo que el difunto
se lo ha comido el gusano
y el bueno de don Mariano,
pone emplastos al asunto.
Quiere arreglar el conjunto
cediendo un tiempo al oreo,
mientras prosigue el mareo
en limpiar con verde mora,
toda la mugre, que otrora
guarda el chamán del siseo.

Con bloques el mampostero
se va construyendo un dique,
donde una escoria radique
su aislamiento… placentero.
Un bastión del chanchullero
donde el dedo en su falacia,
pervierte esta democracia
hasta hacerla… bananera,
que nos cuela por tronera
la podredumbre, sin gracia.

Entre tanto, que sestea
mayoría en la oposición,
se acompasan al violón
en su alegre verborrea.
Es tan grande la diarrea
en la oposición cansina,
que siendo más en cocina
le aceptan gato por liebre,
abrumados de una fiebre
que al postureo les inclina.

© José Salas Salas