Te subiste al vagón particular
de mi existencia,
mientras una tibia ráfaga
de amistad,
nos atravesaba la adolescencia.

Forjamos historias,
intercambiando tebeos,
con el tacto y aroma
a otro tiempo.

Compartíamos ese placer
sobre el manoseado papel,
desgranando intrigas
en un… ¿Quién es quién?.

Fuimos los vengadores,
Conan o el Capitán América,
tras la puerta de la lealtad,
y entre las cajas de la impaciencia.

Pero, como un manto denso de ceniza
se instaló el silencio,
mas, ninguno supimos
lo que sentíamos por dentro.

Por todo ello,
con la pluma de la confianza
y desde el rincón de los afectos,
hago hoy mía la alabanza,
para brindarte estos versos.

© Esperanza Mas LLabrés