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Leer es maravilloso

Lo aprendíamos bien pronto en aquel entonces

En la escuela, de pequeños, cuando era la primera tarea que

Esperábamos cada día con verdadera ilusión de escolares,

Rompiendo de esta manera el miedo que el salir en público impone.

 

Era el libro, “Don Quijote de la Mancha”, lo recuerdo tal y como

Si fuera hoy, aquel momento mágico con el que se iniciaba el día.

 

Mañana tras mañana y por riguroso turno, nuestra maestra nos llamaba

A su mesa a leer un corto párrafo de aquel maravilloso libro, donde

Rocinante se hacía nuestro amigo por momentos, mientras cada día

Admirábamos a Don Quijote un poquito más, y nunca

Veíamos ninguna extraña locura en la aventura aquel día leída.

Incluso nuestra imaginación infantil nos hacía querer imitarlo

Llegado el tiempo del recreo, con nuestras espadas hechas de madera y a

Lomos de algún compañero de escuela de alguna mayor altura,

Obteniendo como todo triunfo al final de la aventura,

Ser admirado y vitoreado por el coro de las posibles Dulcineas que,

Observaban emocionadas y en trance, el resultado de tan delicado lance.

 

© José Javier Terán