Aquel, que escuchara mis penas
y quebrantos
el, con su rica sombra
y sutil aroma
esa tarde despejó mi mente,
desató suavemente
con su abrazar pausado
mis iras y corajes enraizados
en un corazón contrito,
me guarecí bajo sus brazos
buscando protección y alivio,
de una quebrada rama
es fácil hacer leña,
pero con la magia
que irradia mi propia vida dolida
cual ave desplumada,
recuperé mi vuelo
lento, tímido
pero insistente,
único, mío,
sólo mío…

© Silvia García Sandoval