Apelando al buen sentido
a las hadas que tejen los sueños de la mente,
te regalo un trocito de mi alma-tiempo
a través de los grafismos que pueblan
un hasta ahora albino papel.

Esta mañana le he lavado la cara al sol
con la nieve de mis sienes,
por fin me he decidido a retirar los visillos
que me impedían conocer lo que había más allá.

Me he mirado a los ojos a través del roto espejo
y he amado las arrugas que les acompaña cada amanecer,
vistiéndome de ritual y alegría,
he dejado impreso un beso en la imagen de la infantil imagen
que reía dibujada en el plateado cristal.

La bascula marcaba tres quilos menos del peso ideal,
asustado he buscado, acariciando mi cuerpo
mis compañeras mollitas.

Tengo que hacer ejercicio para que los músculos regresen a mí.
He salido a la calle adornado de ropajes de ilusión y fantasía.

La vida me ha sonreído tanto,
que solo he sido capaz de verle los dientes,

asombrarme con los globos de colores
que colgaban de los aleros de los tejados.

Hoy los miedos, las sinrazones
que entrelazaban mis dedos

se han disgregado en minúsculos marros,
fundiéndose estos con la arena de la blanca playa,
ahora acompañan al viento en su lento caminar
mordiendo esquinas.

Hoy, ya no hay sílex que llore en mi mirada,
hoy, cualquier día de enero, me propongo
seguir intentando cambiar el mundo,
encontrar esa persona idealista que antaño fui,

que había preferido dormir asustado
por las circunstancias que lo rodeaban,
diluido entre falsas esperanzas, utopías.

Mi gran marioneta luna llena,
me acoge con sus largos brazos, me sonríe
murmuran-dome que ya todo terminó
que los hilos que me movían como marioneta

han quedado cercenados para siempre jamás.

Yo, tan solo soy capaz de reírme a carcajadas.

© José Manuel Martínez García.