Me agarraste de la cintura, firme, pero con delicadeza. Tus manos gruesas pero sedosas estaban colocadas al limite de mi espalda a descubierto. Alejaste con tu cara, casi al mismo tiempo que te acercaste; con la mirada cautiva en mis ojos avellanados; aquellos que se quedaron anclados fugazmente. Y rozando nuestros labios …dejando marchar un ligero soplo de aire.

Me guiabas con tu cuerpo bien erguido y esbelto, al mío; menudito y de cintura marcada; y con tus brazos entrelazados y con cuyas manos apretabas con el miedo a que me soltase. Seguía tus pasos flotantes mientras de vez en cuando giraba como si fuese una noria…al son de un vals desafinado a media luz.

© María Garcia Garaiandia