Penando en el campo

Esperando y Penando en el campo, a ser recogida un día u otro…

Vamos a ir ganando partido al propio teclado… esa rueda, que se ve, solitaria e indefensa, al mismo tiempo, una vez… de hace ya muchos, muchos años, fue la gran ganadora de trechos anchos y estrechos, corriendo a toda mecha, sin descanso aderezado, y sí bien ganado… le aceleraban sus propios pies-radios de madera y metal, al mismo tiempo, qué cuando se paraba, echaban humo sus remaches… y las puntas, que le rearman, saltan a tranquillos, sin desmoronarse tan siquiera, pero… el paso se reduce y no vuelve a ser el mismo.

Ahí sin descanso, la dejaron abandonada, por no ser ya de utilidad. Tanto andado y tanto dejado en muchos caminos, cargando yerba seca o mojada.

La carreta que fue su guía, ahora ya no la tiene como tal. Sus radios, se están desintoxicando de tanto trasiego. Pero, sus aguantes, cansados van acabando su vida en la compañía de gentes que fue viendo y recorriendo sus rarezas.

Cargas de animales fue, en aquellos tiempos que transportaba la leña, el grano aún sin beldar, las patatas ya recogidas, los baldes llenos de ropa seca, recogida de las eras, donde en verano los trillos dan rienda suelta a sus vaivenes con tanta vuelta, como si de norias se tratasen.

Por los caminos se les veía transitar en los antaños, mientras al lomo llevaban a sus dueños, portando y conduciendo su carga enorme.

Esas cosas ya en el olvido fueron quedando, tras los años, ya no volvieron a ser constantes.

Por eso mismo, le han dejado sin una de sus más útiles herramientas, esa rueda, la más viejilla, ahora ya no sirve, y se la ha abandonado, por dar su vida en tiempos de Maricastaña, era de lo más importante y natural, tener un carro para todo.

Imprescindible su caminar y así la vida diaria le fue dando alegrías y penas, al mismo tiempo.

Después del tiempo pasado, algunos se encuentran sin una rueda, y sin ganchos ni arreos, tan solo les quedan los ejes medio destartalados y apenas visibles. A otros, les dieron barniz, para embellecer algo que nunca fueron. Una existencia efímera, la que ahora padecen y conservan.

De colores les han dejado, el alma inutilizada, ya no pueden arrimarse a ningún lugar, se les acabaron las historias por relatar, les llenaron de hojarascas de pinos, abetos y encinas, las piñas les pinchaban y no se quejaron nunca.

Los animales se restregaban en sus lados, eran insufribles, no había manera de gritar y quejarse, no hacía ningún caso. Sordos fueron siempre, más cuando les querían libres, aseados y hermosos, les vestían cómo si fuesen candeleros sin velas, pero si llenos de cintas y ramajes verdes o flores por ir colocando en los huecos de sus costados, para dar a entender qué, aún estaban vivitos y coleando, qué aún eran servibles y funcionables.

Los años fueron andando y pasando, ya nada es igual, todo tiempo pasado, se quedó tan atrás, que ya imposible volver a encontrar algo tan normal.

El tener un carro de madera, con las yuntas de metal y el pisar de hierro, ese que era duradero y no se partía… Pero, sí se doblaba, con el tiempo, se fue haciendo añicos poco a poco, se les ladeaban los faldones y los pies-ruedas, se modificaba su estructura, eran atractivos para todo el mundo, el de casa y el de los vecinos, que le miraban siempre con envidias y querían tenerlos para ellos…

Las hierbas se van alzando a su alrededor, queriendo tapar su antigua belleza, y la claridad de las épocas que le van pasando, son las que la van dando los ánimos que la faltan. Se ve ahí, sin vida, nadie la mira, nadie la acaricia, en la madurez de sus días está acabando su ser, el qué la soportó en muchos años, ya se ve vencida y sin ganas de seguir algo que ya no tiene vuelta para atrás… ¡Su vida, se apaga cada día un poco más y se da cuenta de ello, nadie la dice nada, no existe, no es visible, se perdió su madurez y ahora, en su constante vejez, se siente perdida en la nada, de la nada, la absoluta soledad, la que muchos no quieren, aunque algunas veces se busque, cuando no la necesitas, la tienes adosada cómo un palmetazo que se quedó pegado sin la posibilidad de qué se desarrime. En su tristeza porta alegrías y vanidades pasadas, pero, no deseando estar en ésta guisa, se tiene que aguantar hasta que la encuentre alguien que la necesite para deshacerla sin medida, y entonces, se verá decaída hasta el más hondo pesar de su sinrazón!

Su vida, ya ha dejado de ser lo que era, ahora a descansar le toca, pero… la pena exacta, es verla ahí apoyada, en un árbol, quizás hermano de sus radios y armazón, entonces, quizás… no ha terminado tan sola, si no, más acompañada por sus padres de la naturaleza.

¡¡Si supiera hablar, cuántas historias nos llegaría a contar, con todo lo que ha pasado en su propia vida y la de los demás… mortales y animales domésticos, y salvajes que se han acercado a guarecerse de las inclemencias del tiempo y de las épocas, de los amores ocultados tras sus radios, de las meriendas y comidas que han sabido compartir a su lado, del agua le ha bañado, cuando la han lavado, o de las aguadas caídas y de los barrizales de los caminos llenos de agua y del polvo comido y mascullado, como si fuese su propia existencia la que debiese tamizar lo encontrado a su paso por tantísimos lados y senderos, llenos de cantos y pedruscos que la han machacado sus propios brazos, herido un montón de veces y sin más, ha tenido que seguir el caminar marcado, sin avisar sin medida sin trasiego sin detenerse sin poder derramar sus lágrimas a gusto o en silencio… Todo eso y mucho más ha tenido que padecer pro la mano del hombre, de las bestias salvajes y de los animales domésticos, quizás los más mansos… Todo y nada, ha tenido que ir soportando sin poderse quejar… y, aún… la vemos ahí, maltrecha, y con aires de poder seguir en pie… La Rueda, esa herramienta de un carro, que a la vez, han sido sus pies y su caminar diario…!!

Palencia, viernes 19 mayo 2017.
Prosa Poética Juego Imágenes de Mayo 2017.
©Mía Pemán

2 comentarios en “Penando en el campo

    • ¡Me haces reír, Yolanda! Pero, de buena manera, por cómo dices la última parte…
      Yo siempre empiezo por lo último… jajajaja…
      Me alegró muchísimo te guste mi relato prosado y el otro, aunque no he vivido ninguna historia paseando en barca… me salió ReBien… ¡Gracias… a miles!
      Pues, ando esperando a qué me toque la Lotería, ya qué es, carísimo publicar un libro… ¡Podría parecer súper fácil! Pero, no lo es, vale un potosí y el otro… Entonces, cuando eso ocurra… podré publicar… jajajajaja. Antes no, por la misma razón que te conté de los cuadros… ¡Todo se basa en ese mismo problema, a parte de qué es verdad, que es carísimo te publiquen un libro por estos lares!
      Un beso enorme, querida Amiga.

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