Un agradable paseo por el lago, con dos remos delgados, los brazos de esa barca que lleva pasajeros a bordo, para hacer sentar los sueños, al mirarse en el espejo de las aguas cristalinas de su inmensidad, la que recoge imágenes y da a conocer sus lugares secretos…

En esa barca de largo recorrido, la que nos lleva a la aventura, disfrutando de una agradable charla, mientras los remos van guiando a su barca que se desliza como la seda por sus aguas cristalinas.

Se va cerca de la orilla, sin alejarse mucho de su lado, así se pueden ver mejor sus parajes y habitantes que se quedan mirando, a ver quien les visita ésta vez.

Por la orilla se ve juguetear y correr a los perros, mientras sus dueños les lanzan pelotas o cometas, y sus niños a la vez, las controlan desde sus mandos, es un atardecer de verano, el qué se está acercando.

Paseando van las parejas que se abrazan y de la mano, se miran de reojo o con ese rubor de juventud, que no solo los jóvenes y mayores son los que se acercan a disfrutar de algo tan hermoso cómo es ver un atardecer diferente.

El cielo se viste de colores para ir cerrando su esplendoroso día, y nos deja la belleza de su estampa, al ir dándonos las buenas noches, para guarecerse en y dejar salir en nada, a su Luna Cascabelera, la que cuidará de su día nocturno.

Al lago, va embelleciendo sus aguas con los maravillosos reflejos que del cielo le llegan, pintando de colores los cristales que porta en su interior, y llenando de maravillas a sus habitantes animalillos que se mueven a sus anchas entre las ramas y arbustos acuáticos que hay alrededor.

Así mismo, el paseo se hace cálido y sencillo, tanto qué su apacible recorrido es lento y de un idílico lugar que se mecen los instantes, como si de sedas fuesen y aparecen claras imágenes de un día de viaje cercano el que se acerca y nos presenta con firmeza esa otra especie del sentir… mientras planea con mucha calma sobre su lomo, es la facilidad de caminar sin andar, mientras sientes que alguien te está observando, y son los contornos de otros visitantes que allí estuvieron mucho antes, los qué se quedaron absortos, mirando y remirándose en las cristalinas aguas del lago de la vida… esa que vaga con sentido aparente, mientras goza de su excursión por los pensamientos no viendo nada más que la naturaleza y desplegando sus manos a lo largo y ancho del lugar, gozando de la nada, que ni aire hace, tan solo una leve brisilla que se acerca y te toca la tez, qué ni casi se siente, solo es un leve roce que acaricia las mejillas y las deja, con un sabor agradable y el buen hacer de un mimo simpático…

El atardecer de un paseo, deja la huella sincera y sensible de momentos vividos en excelsa compañía… jugando a querer tocar más adentro los destellos que del agua salen y revolotean, como si fuesen sirenas que viajan a tú lado, vigilando no te pase nada… con la serenidad del barquero que te acompaña y guía tú extraordinaria travesía… al más allá, el qué vas buscando sin un rumbo fijo ni meditado…

Palencia, sábado 20 mayo 2017.
Prosa Poética Juegos Imágenes de Mayo 2017.
©Mía Pemán