100_3300_®Mía Pemán_orilla del río Pisuerga a su paso por Nogales de Pisuerga

CRUIGGG, me quejo, porqué tengo razones aparentes y naturales

¿Nunca has oído a un pelo o un cabello quejarse, cuando le arrancas de su lugar de nacimiento?

Pues, te provoca una sensación inexplicable, por qué, casualmente es escuchable, es cómo cuando se rompe un hueso, algo parecido.

Te hace sentir mal y todo, es una parte de ti mismo, la que se trocea, la que se separa, la que pierdes sin quizás saber el porqué, o a lo mejor, si lo sabemos.

Es un “cruigggg” largo y quejoso, ese sonido que es la primera vez que oyes, el que te estremece y no sabes muy bien, lo que ha podido sentir él, al ser arrancado de su extremo sensible y al que estaba adherido.

Seguro, le ha producido dolor, pero, en sí, puede que no. Y, se haya sentido el ser más libre de la humanidad, por qué relativamente, no les conocemos, aunque sean parte de nosotros mismos y de nuestro cuerpo.

En cierto sentido, notamos que nos protegen, y aun siendo algo de nuestro ser, son libres de irse por sí solos, el día que les parezca, por qué no siempre, les soltamos de buen grado.

Cruigggg, sollozaba ese pelo individual, cuando le tiramos de ahí al lado, se duele, no siempre les escuchamos, es impredecible su sentir y sin embargo, forman parte de tu ser, cada día, cada instante o cada año, a nuestro lado están entre tres y seis años, es el tiempo que nos compartimos mutuamente.

Su raíz y su tallo, al desprenderse por sí solos, no les oímos, pero si somos nosotros los que les arrancamos, es cuando chillan con todas sus ganas, son sus pies, los que se adolecen, es como partirles una rama o un trozo de su existencia.

Palencia, madrugada del lunes 11 mayo 2015.
Prosa poética.
©Mía Pemán