Amistad, te confieso mi gratitud por tus beneficios en mi vida,
los momentos divertidos, entrañables e inolvidables,
imprimidos infaliblemente en mi memoria.

Los aprendizajes insólitos, las experiencias únicas
que convivimos entre risas y lágrimas espontáneas,
los consejos idóneos y oportunos que me obsequias.

Amistad, la música de tu voz mece mi corazón y alivia mis temores,
inspiras y ofrendas un bienestar dulce y placentero,
tus palabras sedantes son pura melodía y poesía.

En una plácida y perfecta simbiosis,
siento tus vibraciones positivas y contagiosas
infiltrarme delicadamente con afecto y simpatía.

Amistad, viajamos enlazados en el mismo barco tambaleante,
en las aguas tumultuosas y ruidosas de la mente,
o en los abismos insondables y bulliciosos del corazón.

En la tempestad furiosa y sibilina de la vida,
me enseñas la fe, la esperanza y la confianza,
y nada puede derrotarnos ni alejarnos.

Amistad, cuando caigo al suelo, marchitada, me das la mano,
tu sonrisa fiel e inconfundible me levanta paulatinamente
y me ayuda a sanar y cicatrizar las heridas profundas.

Construida y cimentada por los años y las décadas,
fortalecida, inalterable por la franqueza y la cordialidad,
Suavizas y atenúas el dolor del aislamiento y la soledad.

Amistad, gratificas y alabas los momentos singulares,
rechazas la envidia destructora y los celos amargos,
evitas la discordia acidulada y la manipulación acibarada.

Me abres tu corazón, bajando lentamente la guardia,
conversamos sobre nuestras alegrías y penas íntimas
y vuelcas tu cariño y benevolencia sin resistencia.

Amistad, con discreción, me confías tus aspiraciones y deseos,
expresas con dulzura tus inquietudes, incertidumbres y pensamientos,
son secretos sigilosos, guardados y callados entre nosotros.

Me dibujas un arcoíris de sentimientos incondicionales
con generosidad e indulgencia bondadosa,
disfrutamos felices los mismos gustos y pasiones.

Amistad, prescindes del amor erótico y sensual de los sentidos,
sin seducción falaz, ni tensiones carnales y sexuales,
sin confusión porque tienes a tu lado a un amor idílico y romántico.

Sin estrategias premeditadas, ni trampas maliciosas,
desinteresada y dadivosa, ofreces tus nobles servicios,
sin codicia, practicas la entrega con aprecio y sin espera.

Amistad, con humor y sencillez, me aceptas tal como soy,
sin máscaras ni reservas, compartimos los mismos sueños,
nuestra historia se nutre de silencios sin vacíos.

Con admiración, engrandeces y elogias mis cualidades,
exaltas mis virtudes y minimizas mis defectos,
alumbras y liberas la luz, atorada en mi interior.

Amistad solo tú sabes tejer los vínculos sanos de nuestro afecto,
derrites y aniquilas las hostilidades y obstáculos de mi vida
y me pintas con magia un camino de rosas blancas y odorantes.

Déjame embriagarme en tu fragancia de fidelidad,
acurrucarme en tus brazos potentes de lealtad
y enroscarme en tu empatía emocional diamantina.

Amistad, eres mi valor universal, mi gracia inestimable,
una sonrisa franca, un abrazo sincero,
un tesoro, un himno para vivir y cantar más ligero y fluvial.

Siempre me ayudas a crecer y a madurar con sabiduría,
eres el fruto de nuestro enriquecimiento mutuo y personal
y nuestro lema: “Creo en ti” vence eterno, grabado en el granito.

© Esther Coïa