Te esperé
en la orilla de rio
para unir nuestros cursos,
nuestras inquietas aguas

Y fue una espera paciente
hecha de la pasión tenaz
que venció la hostilidad del viento
y del ardor que extermina la oscuridad

Pedí a la luna un haz de luz
y a mi corazón la fuerza
para resistir la noche larga

Sobre terraplenes de fango
me bañó frio la sospecha
de no poderte tener
pero nunca cediste al miedo crudo

Me envolví apretada en la tibieza del sueño
cubierta dulce de aquellas horas
tu llegada anhelando

Te esperé
Vistiendo el primer sol de esperanza
y tu apareciste, preludio del día
presagio de eterno amor

Alba infinita.

© Gloria Lucia Castrillon