Un dorado trasluz crepuscular
que tiñe una infinita lontananza,
recorre apasionado el medular
al embrujo pausado de la danza.


Busquistar, un amor de atardecer,
que preludia su noche misteriosa,
con el cielo es un bello acontecer,
bañado de esta luz… maravillosa.

El cerro que cobija la mezquita,
perfila el contraluz tornasolado
y matiza nuestra villa pequeñita,
con cálido rubor… de su dorado.

Cuando luz al crepúsculo fenece
asoman poco a poco las estrellas
en cielo tachonado que amanece
que brinda rutilantes sus centellas.

Encendida la noche de conciertos
los grillos se proclaman los amores,
junto notas en trinos más expertos
que ofrecen los divinos ruiseñores.

Se llena nuestra noche de misterio
al suave terciopelo de un encanto,
cubriendo con la capa de ministerio
embrujo de una noche bajo manto.

El alma en lo divino transportada
gustando esta natura exuberante
descubre en la villa chamuscada
la noche más hermosa y delirante.

Autor: José Salas Salas.
Barcelona 01-12-13 (Es)
Foto: De Internet.