Si hago balance del ayer, te plantas
irrmediable en medio de mi cuadro,
tanto que es imposible divisar el paisaje.
Cuando todo lo demás es atrezzo, grito,
como aquella tarde, la madre de todas,
en la que me puse de puntillas, para dártela,
tan alta que creí que nunca me acabaría,
¿Recuerdas? desde lo alto te grite, “JAMÁS”
Ya ves, para una puta vez que cumplo mis promesas
tenía que ser aquella.
Lidia, nuestra amiga común que conoce de memoria
el argumento, cuando a veces hablamos me pregunta
si aún te pienso.
Evidentemente pongo caras, ladeo la cabeza,
frunzo el ceño, hasta le apunto que ya serás un abuelito,
seguramente de mal ver, sonrío,
y termino jurándo que he vuelto a amar cien veces.
Es entonces cuando ella me propone irnos de tienda,
y compro y compro, sandalias y babuchas,
de esas de suela plana que garantizan el confort y el paso.
Bajos, siempre bajos, nunca más he vuelto a usar tacones.

I.S.M. 20 de abril de 2017

© Isabel Suárez Mtnez- Cruz