Se dio a la tarea, se lo tomaba a pecho,
como si la continuidad del porvenir le
fuese en ello.
Se dejaba los pulgares cada día
entre corvas y espaldas doloridas.
A más gritos de dolor, más dedos.
Elegía, con gran acierto el tendón más débil.
Para curar, -decía-.

I.S.M.18 de abril de 2017

(imagen de Internet)

© Isabel Suárez Mtnez- Cruz