El karma, fijo,
(pensé)
Me dejó en aquel bar con la palabra
en la boca y la copa medio llena.
Se fue.
Distinguí al cruzar la puerta, en su silueta,
brillante y amarilla,
como un aura de luz que lo envolvía,
luego supe que pugnaban dos bombillas
por ver cúal se fundía de una vez.
Me quedé,
con unas notas de jazz y los ronquidos
del último borracho, mi vecino,
(esto si era real)
No lloré.
Me vinieron a la mente varias caras
con la misma expresión bobalicona.
El Karma, fijo, (dije)
me tomé, de un trago mi cubata.

I.S.M. 10 de abril de 2017

© Isabel Suárez Mtnez- Cruz