Y un día, soltaste mi mano
con simulado desprecio,
eres para mi corazón
cruel y valiente,
es mas difícil el desapego
que la costumbre del “seguir ”
mal amor, me dejaste
como bebé
que deja el seno,
esa distancia que con
alevosía abriste
¡rasgó el alma mía!
cual afilados
colmillos, de salvaje hiena
que sin culpa
regresa a su manada
a guarecerse en sus propios
instintos,
mal día me dejaste,
¡mal amor!
que ligero
te retiras del combate
voraz que se aproxima,
silencio solemne
vivimos cada noche,
escuchando latidos
palpitando por otros…

© Silvia García Sandoval