Es tarde, creo,
más que nada por ese silencio premonitorio
de visitas nocturnas y vitales,
espeso, cálido, invasivo,
hasta que el único sonido es el de tu respiración
y la de Ella.
Entonces sabes que estáis a solas.
El mundo duerme o finge y aprovechas
la cita ceremonial y redundante.
Inquirirás por los últimos asuntos,
no es bueno hurgar muy atrás,
tampoco hay tiempo.
Le harás las mismas, manidas, sobadísimas
preguntas sin respuesta.
Ella tan solo encogerá los hombros y sonreirá, hermosísima,
burlona, lo suficiente para que la llames puta, (por lo bajo)
y luego montarás el numerito, (el de siempre)
que si no te marches,
que si no me dejes,
que si no me faltes.

Al Alba, sin embargo, llegarás negando la mayor,
como una de esas valientes heroínas de cómics.

I.S.M. 3 de abril de 2017

© Isabel Suárez Mtnez- Cruz