LA OCA TRAVIESA
del Poblado de Atapuerca

Lejos parecía estar
al otro lado de su lago particular,
vistiendo amarillo enturbiado
para tal ocasión descompuesto.

Avanzaba a toda mecha
como si fuese un cuatrimotor,
y lanzada a toda velocidad
agarró sus dos patas
sin ponerlas al hombro.

Orgullosa hacía delante… sigue
con su empeño a flor de plumas,
gran tamaño su cuerpo tiene
más dos alerones bien acondicionados,
que remarcan sus pasos
como si fuese un avión en pleno vuelo.

Cabeza demasiado corta y pequeña
anaranjado su mordedora boca,
cuando feroz se abalanzó
mediando sus medias lenguas
a griterío impulsado,
cuacuá…cuacuá… cuacuá… cuacuando…

Asombrados todos quedamos
tal enfado fenomenal se recogió,
qué el miedo se podía ver alrededor.

Temperamento incontrolado
en la final de aquel poblado,
que de Atapuerca era…
ala entrada y ala salida,
como si estuviese loca de atar.

Rebujón insospechado,,,
qué le habíamos hecho, señor
a tan desproporcionado bicharraco,
malhumorado y contestón
que ni saludos le dedicamos
por tan grosero comportamiento.

Acaloramiento desorbitado
cogíose su enfado de campeonato,
sin más… ni más…
quiso propinar a su antojo
alaridos y trompicones,
que no consiguió reprimir.

Velocidad de hélice
debió pensarse avión posible,
nada más cerca de la realidad
cuando de embestida venía
con tal fiereza y desrazón,
que del lago salió
como si fuese un vendaval,
allá venía derechita
quería enganchar a alguien,
pero… le salió rana.

Instinto arremetedor
Estado enfurecido y explosivo
Sandalias no llevaba puestas… menos mal
aunque sonrojadas las vimos,
Acorazado bimotor
simples timones
propulsados sin recortes de crisis,
retumbando por doquier
la gran corrida tiraba,
ese pico feroz
alzada su gran cuello,
destinatario con asunto empecinado
gran proporción con hinchado furor,
sin miedo… medio volaba
a dos patazancadas…,
a por ella… a por ella que iba…
hasta que por fin la quiso coger
entre sus feroces mandíbulas
que ni dientes tenía,
tan solo lengua dura y voraz,
ahí entró la guía joven
qué explicándonos estaba
en aquél poblado rudimentario…
se fue a por ella, retirándola sin más
pero, con la discusión de tal bichejo airado

Cuando menos te los esperas…
te suelen… salir a advertir sin llegar a comprender
qué has de tener sumo cuidado,
no sea que la alborotes más de la cuenta…
ay…señor, es cómo decirte
¡no te asomes que te va a morder,
será que alboroté su mansedumbre ocasional
y no sé por qué razón… esa desmedida precaución…!
A buen muro alto estaba contemplándola de lleno,
más su cabeza picoteaba en el aire…
diciendo a griterío completo
¡que te muerdo… que te muerdo… intrusaaaa!
menos mal… que muro alto había…,
si no quizás se hubiese saltado
a comerte y enseguida engullirte…
¡qué gran cosa… por dios, qué miedo!

Daba respeto su pertinaz osadía
convertida en impertinente su desfachatez…
cargado el ambiente me dejó resaltar
entre medias palabras
escondidas entre sillones rodantes…

Palencia, viernes 11 mayo 2012.
Acróstico nº. 17/2012

© Mía Pemán