No debí nunca ir por ese corazón

No me puedo hacer cargo de dicho compromiso

El alma desayuna sueños

El cuerpo cena realidades

Dichosos los que llegan a alcanzar con hidalguía

Las sonrisas de muchachas, que en sus sueños bailotean

Y que tienen al alcance de sus propias convicciones

La honestidad y la ambición de dejar de lado su egoísmo

Y vivir esa hazaña, de ser dos en uno mismo

Los sueños cenan imaginación

La realidad desayuna sacrifico

Y no existe aún, un sacrifico más cobarde

Que conquistar un corazón

Sin tener luego, la valentía de quedarse.

©  Fabián Terrazzino