Esta noche, como siempre, me he acercado a ti, sigilosamente; te di un beso en la mejilla tierna, calentita y sonrojada, mientras te hacías el dormido.
Te susurro mil pecados, que termino diciéndote lo mucho que te amo.
De la misma forma que aparecí , me marché, sin decir ni mu, con un soplo de aire que me llevo el viento.
Te dije que me amaras y así lo hiciste.
Porque desde aquí, desde las nubes de algodón azucarados, las cuales se puede estar plácidamente…te envié a mi alma, mi alma gemela. Puedo ver perfectamente desde aquí arriba, lo feliz que eres

© María García Garaiandia