Y me sonríes,
aunque sé que
el corazón te llora …
¿Y qué hago si mi alma
tiene dueño…?
Que me gano queriéndome
sin querer, robando horas
al sueño…
Así como tú ahora
me cuentas, lo hacías
desde el silencio.
Mil historias te conté,
provocando tu sufrimiento,
noches de vino y risas,
sin saber que llorabas por dentro.
¿ Y qué puedo hacer dime,
si mi alma tiene dueño..?
El que provoca mis letras,
y yo, sin saber en ti,
lágrimas de coraje y celos
sin imaginar siquiera,
que te morías por verte
entre mis letras y versos…
Y aún así me sonríes
cuando te enseño contenta,
las letras que a otro dedico,
inocente y culpable al tiempo,
de que te sientas caer…
Cada vez que lees mis versos…

© Atenea.