Anne d’Abbadie. ( Relato # 2)

Anne no entendía que le estaba pasando que no podía apartar su mirada de aquellos ojos negros brillantes. Su mirada ejercía una especie de atracción magnética que le impedía mirar a otra parte. Sus labios eran tan finos… y se veían tan suaves cuando iba saludando con una sonrisa a sus amistades, mientras avanzaba hacia el fondo del salón entre el parpadeo de las luces, el bullicio de la gente, la música y esa nube propia que envuelve los locales nocturno con el humo de los cigarrillos… y ella era ¡tan guapa y elegante! que perdió hasta la noción del tiempo…
Hasta el instante mismo, en que Alex le dio una suave caricia en su hombro izquierdo y le susurro al oído…
– Eh eh qué te pasa…
– No, no nada, no sé ¿conoces a ésa chica alta?
-¿Cuál, la del abrigo marrón ?
– Sí, ésa misma.
– Y qué tiene de especial
– No lo sé…
-¿Quién es?
– Es Brigitte, viene casi todas las noches con sus amigos, es modelo de una firma importante, y los demás trabajan también para la industria de la moda.
Sabes Alex, son un grupo muy interesante y un tanto peculiar ¿ no crees ? son tan diferentes, que hasta me parecen envidiables.
– Anne, mira con cuidado para no llamar la atención, fíjate en la chica de la chaqueta negra, ¿la ves…? se llama Adele y es su pareja.
-Qué dices, ésa…
-Pero Anne? tú…eres…
-No, que dices… no, no lo sé Alex… yo… mira mejor nos vamos.
-Si quieres te la presento.
– No, ahora no, quizás mañana, ya es muy tarde y tengo clases de Derecho Romano a primera hora de la mañana, a las nueve y veinte con el Doc Andrius y no soporta las llegadas tardes, anda vamos, llama un taxi, me dejas en mi casa y nos vemos mañana en la noche.

Eso fue todo cuanto hablo Anne en el viaje de regreso a casa, parecia un poco ida, como en una nube.
Cuando finalmente el taxi se detuvo a Anne le costo un poco incorporarse.
-Estas bien Anne ¿ quieres que te acompañe a tu piso?
– No, Nicolay esta en casa, y ya sabes…
Anne se quito los zapatos para no hacer ruido subió en el ascensor, y caminó de puntillas hasta la puerta de su apartamento, introdujo la lleve muy despacio en el cerrojo para no hacer ruido; pero Nicolay estaba sentado en el sofá esperando con un…

© Hergue Azul.