Soy hombre:
nada
humano
me es ajeno.
La tierra
se queda sin aliento
cuando la palabra muda
se divorcia del silencio.
La tierra
alimento de dioses
sin fervor sedienta,
agrietada… llena
de polvo y dolor .
Reunidos todos los dioses
para decidir el bien y el mal
dentro del Escarabeo
Scarabaeus sacer
Transformar
Todo en la tierra
comida de dioses.
dieron fin a toda vida
soltaban eructos y las aguas
no paraban con tritón.
Se enfadaban y no había
nada que les hiciera llegar
a una conclusión.
Entre desacuerdos
y exabruptos
juntos en el fausto
pulso de su divinidad
fue en el momento justo
que tragaban
los últimos animales
los últimos vegetales
que quedaron mirándose
y comprendiendo
lo habían hecho…
lo que había pasado.
Sólo un poco de estiércol
quedaba en el zapato
de la suela de un bebé
que aún dormía abrazado
a su trozo de tierra la que
le tocaba por su textura.
como si de una nube
de algodón se tratara.
Era lo que les quedaba
y tendrían que cuidar.
Venida es, venida
a la tierra la vida
la gracia del cielo
a dar consuelo
el que daría vida
y el que permitiría
calmar la sed
en la tierra.
Aparece la mano
del ser humano
con todo lo bueno
y todo lo malo.
Que la tierra despierte
y no le tapemos la boca
que se desperece
que no se enfade
relajada nos hable.

Que al abrir los ojos
vea lo bueno del humano
compruebe sin enojos…
los dedos que siembran
las manos que aman dan
y tienen cayos
de tanto trabajar.
Pero que no vea
las otras manos
que buscan poder
que sus selvas
han destrozado
y sus ríos embarrado
y han contaminado.
Y dijo:
Soy hombre:
nada humano
me es ajeno
La tierra
se convulsiona
se desesperada
cuando comprueba
que nada puede hacer
Ya no puede respirar nada.

© Araceli García Martín.