Cuando el sereno se apodera de nuestros cuerpos,
Nuestro instinto animal se despierta
y con insaciable ardor de deseo enloquecemos,
y mientras mis pupilas se dilatan,
mis poros se abren dándole entrada al tibio sudor de tu piel,
y siento que mi cuerpo arde y siento que el tuyo también,
y entre sombras y tinieblas nos amamos,
yo sintiéndote hombre, tu sintiéndome mujer
y escuchando nuestro mutuo respirar
Percibiendo solo el dulce y excitante olor
de la pasión deslizo mis manos por tu exquisita,
divina y perfecta anatomía,
y colmados de pasión arduamente
nos besamos hasta agotarse nuestro
aliento divisando mis ojos los dos
soles que esclarecen tu rostro,
y fijamente nos miramos mientras nuestros dedos
se entrelazan y al mismo tiempo nuestros cuerpos
de manera espontánea interpretan una sensual
y armónica danza iniciándola a un ritmo pausado
como el de un vals y así transcurren las horas
sin percatarnos de ellas, y poco a poco el compás
se va acelerando hasta convertirse en un toque
de mil tambores, queriendo y logrando nosotros
llevar el mismo ritmo;
Y así corre un interminable tiempo,
hasta culminar nuestro baile pasional,
quedando ambos totalmente agotados y
completamente húmedos como dos hojas mojadas por el rocío, luego tu cruzas tu brazo alrededor de mi espalda y mi cabeza reposa sobre tu pecho, hasta alcanzar ambos un profundo sueño,
Tu sintiéndome tuya, yo sintiéndote mío.

© Dulcinea