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Huesona quiso ser santa
y se metió en un convento;
tanto se sacrificaba
que no probaba alimento.
La abadesa reprendió
su ayuno malentendido;
Huesita que era rebelde
se taponó los oídos.
Dice Madre Superiora
que al mirarla se asustaba;
su cara era calavera
y sus manos… telarañas.
Con su hábito de clausura
por el jardín se movía;
y las flores que tocaba
al instante, se morían.
No podía respirar
cuando la vio un ruiseñor,
si hasta dejó de cantar
del susto que se llevó.
Los anales del convento
la describen muerta de hambre;
si cuando fueron los buitres
ya no encontraron ni sangre.
En polvo se convirtieron
sus huesitos de por vida;
y de lo que fue, quedó
en la basura, su tibia..
Un poliedro triangular
que ni es flauta ni hace pié.
desmontada se quedó
añorando el peroné.
Y las monjas la recuerdan
igual que un hábito andante,
si hasta el viento la movía
al dar un paso adelante.
Huesona no fue tan santa
que mientras tanto y durante…
con su guadaña mataba
al listo y al ignorante.
Cerca del altar mayor
se encuentra su mausoleo;
hay quien dice que está viva
pero yo no me lo creo.

©Julie Sopetrán