Le llamaban de una forma rara,
una especie de mote enrevesado.
Ella nunca supo pronunciar su nombre.
Cuando recurría a su recuerdo,
en sus íntimos momentos de ternura,
solía llamarle Amor,
y le resultaba grotesco y gracioso,
mucho, aquello de reconocerlo
en un vocablo tan corto.

I.S.M. 24/04/2016

© Isabel Suárez Mtnez- Cruz