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He apostado al amor sin condiciones,
a pecho descubierto, la mente, sin razones.
Y fue el amor que me hizo conocerte
y muy dentro de mí negué el presentimiento
de que podía perderte, y la fatalidad cayó
en premoniciones sin que pudiera yo evitar
tu muerte. Partido el corazón por rayo
que en dos desgaja el árbol, inclemente,
una mitad en tierra yace inerte
otra erguida en reto permanece,
reteniendo tu vida y haciéndote presente.
Aún hay savia de ti nutriendo algunas mentes
en las que florecen tus versos que en verdor
pertinaz a voces crecen, y llenan de emoción
nuestro presente, sin pasado, aún vigente,
sublimado por siempre.  Tu voz, tus postulados,
tocan los corazones y tus manos acarician
los cuerpos  defraudados de místicas amantes,
que con letras dejaste ilusionadas
en poemas disfrazados de rimas
y versos, casuales e indolentes.
En ti la apuesta floreció, y sin devaluar,
mi fe para tu amor es, moneda… corriente.

©Yolanda Arias Forteza

Marzo 2, 2016, 23:00 hrs.