Un soneto se hace enamorado

Susurrando un te quiero con respeto,

Los ojos, le desvelan su secreto.

El cuerpo está sirviente y devorado.

Sin la mujer, es corazón parado

Pues su latir a ella está sujeto.

Su pensamiento en ella está lacrado,

De hombre a monigote siendo objeto.

Hazme feliz dándome así tus mieles

Haciéndose el amor, cuerpo con pieles

Una vida dedicada para amar.

Dichoso yo, por aceptarme entero

Enamorado, al no tenerte muero

Mis días para ella… su consumar.

SILVIA SALAFRANCA SILVERIO